viernes, 24 de febrero de 2012

La evolución del transporte a la movilidad, una nueva visión

Mapa red de ferrocarriles Franckfurt Main
Mapa topológico con la red de ferrocarriles en la ciudad de Frankfurt Main
 y su área de influencia.


Las ideas que George Amar explica en su ensayo Homo mobilis incitan a reflexionar sobre los cambios que plantea la movilidad en nuestra sociedad. En este artículo me centraré en algunos de los conceptos que nos propone este especialista en movilidad urbana.

Actualmente la movilidad ha adquirido el rango de un derecho, como lo es la salud o la educación. Tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art.13),  como en el acuerdo de Schengen de 1985 de la Unión Europea, o la Constitución española de 1978 se reconoce el derecho de circulación que tienen sus ciudadanos. En Cataluña o en Valencia se ha dado un paso más, se han elaborado leyes que regulan la movilidad y refuerzan el derecho que tenemos las personas y los bienes para desplazarnos y acceder a los lugares. Tampoco hay ninguna duda de que la movilidad adquiere el valor de un bien público como lo puede tener el agua o la electricidad. No son bienes o servicios gratuitos, pero el Estado garantiza su acceso y debe vigilar que no se especule con ellos.

La movilidad, cada vez más, se entiende como una actividad que ayuda a crear relaciones, oportunidades y sinergias entre los seres humanos y sus actividades y éste es el nuevo valor que introduce la movilidad. Comienza a perfilarse un novedoso paradigma que amplía la concepción que tenemos del transporte. La movilidad pasa a ser un modo de vida en la sociedad contemporánea provocada por la propia transformación de sus actores, una forma más de habitar el territorio. En el artículo de este blog "La hipermovilidad, un nuevo estilo de vida"  describo ejemplos de lo que aquí estoy afirmando.

Ante una visión tradicional del transporte que analiza y estudia mucho más el movimiento que el lugar, donde persiste la convicción de que la vida pasa en los sitios, pero nada significativo puede suceder durante el trayecto, donde el espacio y el tiempo de los desplazamientos son costes que hay que reducir o superar; frente a todo ello comienza a desarrollarse una visión diferente, recogida y explicada en el ensayo de George Amar.  En esta obra se nos describe el movimiento como uno de los actores que generan el lugar (por ejemplo las formas de las ciudades), pero a su vez el lugar también puede crear el movimiento (los puertos, los aeropuertos y sus flujos de transporte). Se explica un nuevo concepto de movilidad transescalar que reformula las delimitaciones del territorio. Desaparecen unos umbrales pero aparecen otros según sea el tipo de movilidad; si cogemos un avión que haga escalas vemos que ha cambiado el concepto de la frontera territorial (los aeropuertos tienen zonas francas por donde circulan los pasajeros y las mercancías de múltiples países), otro ejemplo lo encontramos con las fronteras estatales de Europa occidental pues en muchas ocasiones quedan desdibujadas cuando vamos en coche y no nos damos cuenta que ya hemos pasado de un Estado a otro, sin embargo aparecen otras delimitaciones, como por ejemplo las divisiones tarifarias del transporte público en base al territorio, donde  los usuarios visualizan esos nuevos límites por encima de los tradicionales términos municipales. La trascendencia que tiene viajar en ferrocarril, en metro o en autobús, indistintamente, por las diferentes coronas de las regiones metropolitanas en función de unas determinadas tarjetas de transporte es más importante, a efectos prácticos, para los usuarios que conocer cualquier otra delimitación territorial. La forma de desplazarnos modifica los límites que utilizamos para clasificar el territorio.

En el nuevo modelo de  movilidad el lugar ya no es sólo origen y destino de nuestro viaje, sino que adquiere el atributo de escala o etapa en nuestra constante circulación, donde el tiempo de tránsito adquiere un nuevo valor. La nueva movilidad amplía los usos que nos aporta el transporte con el valor intrínseco que tiene el desplazamiento de un sitio a otro y descubre valores como la religancia que no es otra cosa que las nuevas relaciones que podemos tener mientras viajamos, sean casuales o propiciadas, así como las oportunidades que podemos descrubrir no sólo al relacionarnos con otras personas sino también con los entornos por los que nos desplazamos o la adherencia al territorio que aportan los modos de transporte activos: caminar, ir en bicicleta, patinar, deslizarse por la nieve... que nos permiten establecer más fácilmente una relación sensitiva y emocional -positiva o negativa- con todo aquello que nos rodea.

George Amar nos indica que el movimiento ya no es sólo un instrumento para conseguir algo, el movimiento es un fin en si mismo, un atributo con el que nos estamos refiriendo a las personas,  a los bienes, a la energía e incluso a la información. La movilidad física tradicionalmente nos ha servido para conquistar nuevos territorios, ahora tenemos además la movilidad digital, que nos abre nuevos ámbitos virtuales por explorar, donde la forma de desplazarnos también va a ser totalmente novedosa.


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viernes, 10 de febrero de 2012

¿Siguen existiendo los tramos de concentración de accidentes?



La respuesta es sí. Convivimos con ellos y gran parte de los españoles lo hace a diario pero, ¿qué son los tramos de concentración de accidentes o TCA? Se definen como intervalos de carretera que se caracterizan por una siniestralidad excesivamente elevada respecto a otros tramos de la carretera durante un período de tiempo suficientemente largo, es decir, entre 3 y 5 años, para considerar una muestra estadística fiable. Las características de exposición al riesgo son debido a distintas razones que van desde la más habitual:deficiencias en la infraestructura o biena causa de circunstancias singulares del entorno que nada tienen que ver con la vía como, por ejemplo, la proximidad de una zona de ocio nocturno. Este hecho nos permite observar que la seguridad vial la conforman múltiples disciplinas de distintos ámbitos en las que se mezclan distintos factores: humano, carretera, vehículo…

La detección de los TCA, clave. Todos sabemos que para afrontar un problema, el primer paso es saber que lo estás padeciendo. La localización de un tramo de concentración de accidentes se realiza mediante una tramificación de las carreteras en segmentos superiores a 1km, homogéneos en términos de secciones, trazados, números de intersecciones, intensidad de tráfico, proximidad a núcleos urbanos y condiciones de contorno como podría ser la meteorología. Una vez definidos, se trata de una cualificación cuantitativa en la que destaca el número de accidentes de tráfico en un mismo punto geográfico, en el que se repite sistemáticamente el motivo del siniestro. La repetición del patrón de accidentalidad permite conocer si existe un aspecto constante, ya sea oculto o manifiesto, que es el que aumenta las estadísticas en un intervalo concreto.

Siguiente paso: indicar. Siguiendo con los tópicos, todos sabemos que quién avisa no es traidor. Una gran parte de los TCA se caracterizan por las deficiencias en la infraestructura: peraltes mal calculados, escasa visibilidad, curvaturas bruscas, iluminación deficiente… que en la mayoría de ocasiones no es suficiente subsanar con medidas de bajo coste y, por lo tanto, requieren de cambios importantes y la consiguiente ejecución de obras con elevados presupuestos. La disponibilidad económica actual de las administraciones permite que, erróneamente, se dejen de realizar estas adecuaciones a la carretera en multitud de tramos de la red vial española. En base a estos datos, se hace necesario informar al conductor que está circulando por un tramo anormalmente peligroso y, a ser posible, indicarle las características que certifican un alto nivel de riesgo respecto a otros tramos de la misma carretera para poder adecuar su conducción a estas nuevas condiciones.

¿Dónde se encuentran? Los emplazamientos de la red vial denominados como TCA son más comunes en vías secundarias más que a las autopistas o autovías que, por otra parte, son carreteras con una intensidad de circulación más elevada y, consecuentemente, con más probabilidad de accidente de tráfico; pero en las vías de alta capacidad, a parte de la aplicación de criterios de conservación y mantenimiento más estrictos, los accidentes de tráfico se producen de forma más aleatoria. De esta forma, se puede afirmar que el escenario habitual de un tramo de alta accidentalidad es en una carretera secundaria con existencia de intersecciones que no cumplen los requisitos mínimos de seguridad vial o en zonas de adelantamiento de vías de doble sentido de circulación en una única calzada.

Según un estudio realizado por el RACC (Reial Automòbil Club de Catalunya), en España a día de hoy todavía existen aproximadamente unos 1.500 km de vía que presentan un riesgo elevado o muy elevado de que se produzcan accidentes de tráfico con consecuencias graves. Estos tramos significan un 7,3% de la red viaria española y, en el mismo estudio destacan distintos tramos de carretera que año tras año se sitúan en posiciones delanteras de esta triste clasificación que lidera la N-322 a su paso por la provincia de Albacete. Por otra parte, las comunidades con mayor índice de TCA de España son Galicia, Extremadura y Cantabria, comprobando efectivamente que los tramos que registran un índice significativamente elevado de accidentalidad no se tratan de una especie en peligro de extinción.

Finalmente, a parte del amplio margen de mejora en materia de seguridad vial, un estudio reciente a nivel europeo, en el que ha colaborado la AEC (Asociación Española de Carreteras), nos permite ser optimistas en base a la gestión actual de los TCA. Las conclusiones del análisis aseguran que existen más de 21.000 km de vías europeas (38% de la red estudiada) en los que no se han producido víctimas en los últimos cinco años. La detección de estos tramos “blancos” permitirá realizar un estudio minucioso para exportar las características de estos segmentos de vía a otras carreteras de mayor accidentalidad aportando un diseño del trazado, una composición del tráfico y unos equipamientos específicos para obtener una red viaria más segura.


Marc Figuls Rovira
Ingeniero de caminos, canales y puertos

miércoles, 4 de enero de 2012

El sistema de circulación viaria

El sistema de circulación viaria se basa en 3 factores: El ser humano, el entorno y el vehículo que circula por la vía.  El mayor o menor peso que tengan estos elementos determinará las exigencias que aparecerán durante nuestro desplazamiento y por lo tanto también nuestra exposición al riesgo. El 90% de los accidentes de tráfico tienen como causa nuestros errores: exceso de confianza, incorrecta percepción, una mala interpretación o la simple distracción serían algunos de los problemas con los que nos enfrentamos cuando conducimos. No nos tiene que extrañar que el principal objetivo en la seguridad vial sea atender el factor humano.


Sistema circulación viaria
Elaboración propia a partir del temario ESTT-OEP 2005, tema 60 de J.J Martín García, DGT

Conducir no comporta grandes esfuerzos físicos, pero necesita que nos concentremos en la audición, la visión, la coordinación y la interpretación, por tanto hemos de poner nuestra máxima capacidad de atención y concentración mientras estamos conduciendo. La concentración nos permite filtrar la información percibida a través de nuestros sentidos y procesarla para quedarnos con la que sea más significativa para la conducción. Sin embargo los seres humanos no estamos muy bien diseñados para mantener la atención y la concentración durante un largo periodo de tiempo. La distracción o una incorrecta interpretación de lo que percibimos son nuestros principales enemigos en la carretera.




Sistema circulación viaria
Elaboración propia a partir del temario ESTT-OEP 2005, tema 60 de J.J Martín García, DGT

En la infografía anterior vemos que las exigencias del tráfico se compensan con nuestras capacidades para que el sistema se mantenga estable, pero cuando las exigencias del viaje no son contrarrestadas por nuestras capacidades se incrementa notablemente el riesgo de accidente.

La tecnología nos sirve de interfase entre las exigencias y las capacidades, reduciendo las decisiones que el conductor tiene que tomar cuando son necesarias la rapidez o la precisión en la respuesta. Cada vez más los fabricantes de automóviles introducen nuevas tecnología que incrementan la seguridad activa. Ejemplos de ello serían:

    El siguiente gráfico muestra un ejemplo de las diversas fluctuaciones que tenemos mientras circulamos por un itinerario, desde que ponemos en marcha el vehículo hasta que llegamos a destino. Imaginemos que estamos conduciendo un coche y tenemos ganas de fumarnos un cigarrillo, ya hemos cogido unos hábitos para encenderlo y fumar mientras conducimos, pero un gesto  de nuestra mano toca la punta del cigarrillo y nos cae encima un poco de ceniza todavía encendida que nos despista. Esos breves segundos de desconcierto nos hacen perder el control del vehículo que nos lleva a una situación de peligro.  Pero recuperamos el control y continuamos el viaje. Posteriormente el tiempo empeora y se desata una fuerte tormenta, la visibilidad disminuye ostensiblemente e intuimos que podemos sufrir aquaplanning y aún así  mantenemos la velocidad, de esta manera volvemos a incrementar notablemente la inseguridad y el riesgo de accidente. Pasa la tormenta y aunque conducimos a la misma velocidad notamos que la conducción ahora es más segura y que el sistema se estabiliza. Sin embargo, al recorrer un tramo orientado hacia el norte las bajas temperaturas y el suelo mojado forma placas de hielo en la carretera incrementando de nuevo el peligro. Finalmente pasamos la zona de riesgo y conseguimos llegar a destino debido a que las exigencias que ha impuesto el itinerario han sido bien resueltas por nuestras capacidades físicas, psíquicas, cognitivas y... reconozcámoslo, también tuvimos nuestra ración de buena suerte.

    Sistema circulación viaria
    Elaboración propia a partir del temario ESTT-OEP 2005, tema 60 de J.J Martín García, DGT





    El sistema de circulación viaria, como acabamos de ver, puede fluctuar muy rápidamente de una situación controlada a otra de máximo peligro, pudiendo llegar al accidente. El exceso de confianza, la facilidad para la distracción, las interpretaciones incorrectas o las velocidades inadecuadas son nuestros principales problemas.

    Para terminar me gustaría  hacer referencia a un aspecto muy vinculado al factor humano. Todos, en mayor o menor medida, nos aprovechamos de la velocidad, pero no pensamos en lo frágiles que son nuestros cuerpos frente a sus consecuencias. Nuestra falta de adaptación a la misma queda de manifiesto en la dificultad que tenemos para saber a qué velocidad circulamos si no tenemos a la vista un velocímetro, sobre todo cuando son elevadas. Nuestros cuerpos no están diseñados para las velocidades a las que nos desplazamos con la movilidad motorizada.  Nuestros sentidos, nuestras emociones, nuestros cerebros han evolucionado biológicamente para movernos a menor velocidad, y sin embargo, hemos sido capaces de multiplicarla y a la vez protegernos de ella con la ayuda de la tecnología y del entrenamiento.

    No nos olvidemos del factor humano mientras conducimos.


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    Temario ESSTT-OEP 2005





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    martes, 3 de enero de 2012

    "Frenazo" para las infraestructuras de transporte españolas

    Autovía Lleida-Huesca
    Autovía Lleida-Huesca


    Durante casi dos décadas -entre los años 1990 y 2007- hasta la venida de la gran crisis de este siglo en España se produjo un destacable desarrollo económico por el crecimiento del mercado europeo y la facilidad al crédito que pusieron a nuestra disposición los socios europeos. Además, multitud de proyectos fueron subvencionados por la UE, que nuestros gobernantes aprovecharon para desarrollar una envidiada red de transporte y comunicaciones. El FEM (Foro Económico Mundial) en su último informe anual califica nuestras infraestructuras de “talla mundial”, colocándolas en la posición número 22 de un total de 142 países, por delante incluso de los EE.UU. de América. El Consejo Empresarial para la Competitividad  indica que somos líderes mundiales en infraestructuras terrestres y ocupamos lugares privilegiados en el transporte aéreo. (diario digital El Vigía 19/11/2011)

    El panorama descrito explicaría el crecimiento de compañías especializadas en  las infraestructuras; emporios industriales que se convirtieron en líderes mundiales de este sector como: ACS, Ferrovial, Acciona, Sacyr Vallehermoso, Abertis, FCC y OHL, buques insignias con talla internacional. Muchas de estas empresas aprovecharon las décadas doradas de la construcción pública para ganar experiencia en la ejecución y gestión de autopistas, aeropuertos, terminales portuarias, canales, etc. Adquiriendo el suficiente músculo financiero y la dimensión empresarial que les permitió salir a competir por los mercados internacionales.


    Autovía Lleida-Huesca
    Autovía Lleida-Huesca


    Pero el impacto que esta crisis económica ha tenido en los presupuestos del Estado español ha sido determinante para el gran estancamiento de la licitación de obra nueva. La administración española entre enero y noviembre del año 2011 bajó la licitación  un 39,3% respecto al año anterior, que ya fue muy pequeña si la comparamos con  el máximo histórico del 2006 que ascendió a 46.701 millones de euros. Tanto el ministerio de Fomento como las consejerías de obras públicas de las diversas comunidades autónomas han cerrado los grifos del dinero público, que tradicionalmente beneficiaban a estas compañías constructoras; y como no hay mal que por bien no venga, de mejor o peor gana éstas han tenido que concentrar su foco operativo en el exterior, (ahora el mercado español debe digerir las nuevas infraestructuras), convirtíendose en agentes exportadores de conocimiento, gestión y tecnología para la construcción de obra pública. Situación bienvenida en la balanza de pagos española, que falta nos hace.

    En España las claves de la sostenibilidad se apoyarían en lo que autores como Luís M. Jiménez Herrero denominan el entramado de las 3T: el transporte, el turismo y la gestión del territorio (fundamentalmente el urbanismo). El equilibrio entre estos tres factores garantizan el desarrollo económico sostenible español, donde las infraestructuras siempre han jugado un rol fundamental. Sin embargo el desarrollo de las infraestructuras del transporte no ha sido homogéneo por diversos motivos. Según la OSE (Observatorio de la Sostenibilidad en España) en el año 2008 el sector del transporte consumió el 40% del total de la energía final española, que en su mayor parte procedía del petróleo y sus derivados de la siguiente manera: un 75,9% en transporte por carretera, un 14% en transporte marítimo, un 4% en transporte aéreo y un 2,4% en transporte por ferrocarril. Estos datos son un fiel reflejo de que en nuestro país existe un fuerte desequilibrio entre el transporte por carretera y el resto de modos, que ha marcado la política de inversiones públicas en infraestructuras del transporte. Estos últimos años la expansión del tren de alta velocidad ha modificado notablemente la situación, como podemos ver en el siguiente gráfico.


    Licitación pública por fecha de anuncio y tipo de obra
    (en miles de euros).
    Enero-Noviembre 2010 / Enero-Noviembre 2011
    TIPOS DE OBRAS
    2010
    2011
    Variación 2010/11
    Total edificación
    10.023.931
    4.042.618
    -59,7%
      Carreteras
    2.562.235
    2.089.699
    -18,4%
      Ferrocarriles
    2.927.880
    4.781.970
    63,3%
      Puertos
    485.699
    216.613
    -55,4%
      Total Trasportes
    5.975.815
    7.088.282
    18,6%
    Total Obra Civil
    13.677.100
    10.355.483
    -24,3%
    TOTAL
    23.701.031
    14.398.100
    -39,3%
    Fuente: SEOPAN (Los totales suman otros tipos de obras que no se han incluido en la tabla).


    Personalmente creo que el mayor problema que hemos tenido ha sido la falta de una concepción sistémica global, donde la visión monomodal del transporte ha prevalecido sobre la visión intermodal, incidiendo la inversión sobre los vectores de la red, en lugar de sus nodos con su capacidad de integración, así como su potencial para la creación de nuevas oportunidades de negocio. Desgraciadamente la planificación de nuestras infraestructuras de transporte no contempla el valor que tienen estas redes con las interrelaciones que generan por si mismas o con las demás redes.

    Otro de los motivos ha sido el predominio de las inversiones en el desplazamiento de las personas, relegando el tránsito de las mercancías a magnitudes secundarias. El ejemplo lo encontramos en la extensa red de trenes de alta velocidad, o la multiplicación de nuevos aeropuertos, olvidando la necesaria conexión entre los puertos y la red ferroviaria, o la interoperabilidad con la red ferroviaria europea. Veremos si el nuevo plan de la red transeuropea de transporte terrestre (TEN-T)  que está actualizando la Unión Europea modifica esta tendencia.

    Durante muchos años nos hemos comportado como nuevos ricos bajo una lluvia de euros que diligentemente nos prestaron nuestros socios europeos. Independientemente de los aciertos y las equivocaciones cometidas por todos ahora debemos aprovechar lo que tenemos, reinventar -si es necesario- la funcionalidad de las infraestructuras que esten mal diseñadas y despertar del autoengaño de nuevos ricos que algunos nos hicieron creer. No hay que desanimarse, pues la base que tenemos es sólida para volver a levantarnos.


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    domingo, 1 de enero de 2012

    Conductores por encima de la media, a ver quién les lleva la contraria.


    Conductor coche


    Sorprende la superioridad moral que cada persona tiene al evaluar el comportamiento en carretera, sobre todo si es el de los demás. Suele ser una evaluación que realiza sin citar normas de tráfico o informes contrastados, lo hace amparándose en su personal opinión de lo que es o no es correcto (T. Vanderbilt). Parece que el simple hecho de haber obtenido el permiso administrativo para conducir un vehículo a motor por la vía pública nos da la potestad de opinar con propiedad de todo aquello que haga referencia al tráfico y la seguridad vial. Las opiniones personales que tenemos sobre estos temas si no son aceptadas... cómo nos indignamos porque pensamos que se cuestiona nuestra autoridad.

    El tráfico o el fútbol generan similares fenómenos, todo el mundo sabe y se siente capacitado para dar su opinión. Este país está lleno de fantásticos entrenadores amateurs y expertos conductores que hacen callar a cualquiera. Al hablar del tráfico muchas personas repiten lo que han oído y les parece razonable, sin embargo cuanto más profundizas en el conocimiento de este fenómeno, menos sentido ves a lo que parecía evidente y más razones encuentras para ser prudente. A veces incomoda la ingenuidad y el desahogo con el que algunas personas dan su opinión, como si de un axioma se tratara, amparándose en el recuerdo de algo que escucharon o simplemente de su propia experiencia personal. Además en este país hay que tener un gran cuidado con la "sabiduría popular" sobre estos temas expedida en las barras de los bares, que puede competir sin ningún complejo con la ofrecida por cualquier cátedra universitaria.

    El tráfico es un sistema complejo con una amplia casuística donde además el factor humano lo complica todo. El tráfico es un sistema donde se relacionan a diferentes velocidades múltiples personas con una interpretación cada una de ellas muy personal del código de circulación e interactuando unas con otras por estrechas infraestructuras. Cuando circulamos por estas vías estamos aislados en unos cubículos móviles, somos anónimos y nos debemos someter a un lenguaje estándar simplificado; lo cual nos obliga a crear unos modelos mentales con estereotipos que nos ayuden a interpretar la realidad y nos guien a través de un entorno que somos incapaces de dominar completamente, aunque circulamos convencidos de lo contrario.

    La mayoría de los conductores consideramos que estamos por encima de la media. Esto explica nuestra disposición a criticar a los demás conductores en la carretera y a considerar que el comportamiento que hay que controlar siempre es el de los otros, no el nuestro. Con qué poco reparo nos olvidamos de nuestro historial al volante, el cual juzga nuestra calidad como conductores objetivamente, utilizando una métrica precisa (multas de tráfico, incidentes en la carretera, accidentes de tráfico, reparaciones en el vehículo…) sabedores que esa información nuestros interlocutores  no podrán contrastarla con facilidad cuando expresamos nuestros juicios de valor.

    Hace unas semanas pasé una encuesta en este blog y os preguntaba si recordabais cuándo había sido vuestro último incidente en la carretera. (Los resultados los podéis ver aquí).  Pues bien, un 80% de los incidentes que tenemos durante un viaje los olvidamos a las dos semanas (T. Vanderbilt, Traffic).

    Nos cuesta reconocerlo, pero nos encanta la velocidad. Consideramos que todo lo que nos aporta la velocidad compensa el incremento del riesgo al que voluntariament nos sometemos. Normalmente sentados frente a un volante nos autoevaluamos por encima de la media, menospreciamos con mayor facilidad las probabilidades de tener un accidente que cuando circulamos como simples pasajeros (sólo hay que recordar las veces que algunos hemos simulado pisar el freno cuando viajamos en un coche como copilotos), porque en el fondo detestamos no tener el control de nuestro desplazamiento. La sensación de control, de fuerza y de libertad que nos produce conducir un automóvil o una motocicleta reduce significativamente nuestra sensación de riesgo. Muchas personas no son conscientes de eso y están despreciando una de las reglas fundamentales de la prevención y la seguridad vial: poder percibir correctamente el riesgo al que nos sometemos.

    Nos autoengañamos. No es posible, todos no podemos ser excelentes conductores y estar por encima de la media. ¿A quién crees que afecta más esta faceta de nuestro comportamiento en la conducción: a los hombres o a las mujeres?




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    domingo, 18 de diciembre de 2011

    Principales causas de las defunciones en las carreteras españolas

    Esta vez no escribiré mucho. Finalmente me he decidido por subir una infografía que tenía preparada. Las infografías, que cada vez proliferan más por internet, son nuevas formas de presentar la información; pocos datos pero relevantes y que puedan entenderse fácilmente.

    La DGT considera campaña de verano los meses de julio y agosto.
     (Fallecidos contabilizados en las primeras 24 horas).


    Como hemos visto en el artículo anterior sobre auditorías en seguridad vial, los costes que generan los accidentes de tráfico son importantes (aproximadamente un 2% del Producto Interior Bruto español). De esta infografía, que representa lo sucedido durante la campaña de verano, me gustaría destacar las causas de los accidentes: el factor humano y la división entre dentro y fuera de las grandes autopistas y autovías (el factor infraestructura). Se aproximan las vacaciones de invierno, no estará de más que pensemos en estas causas y en su prevención cuando nos desplacemos por las carreteras.






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    Balance de seguridad vial verano 2011


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    jueves, 1 de diciembre de 2011

    Puesta a punto de las auditorías de seguridad vial.

    Los muertos y heridos graves en las carreteras europeas suponen un grave problema debido al elevado número de pérdidas humanas así como por el gran coste económico que suponen estos accidentes, del orden del 2% del PIB en el caso español, unas cifras muy a tener en cuenta en el contexto económico actual. Para intentar evitar esta lacra social, desde las distintas administraciones nacionales se han fomentado políticas para fomentar la seguridad vial; donde destacan la Zero Vision sueca, que pretende la implementación de medidas para la eliminación total de los accidentes con graves consecuencias o bien la Sustainable Road Safety holandesa, encarada a la no producción de  accidentes de tráfico mediante una jerarquización de las vías de comunicación.


    Estas filosofías tienen una función de cambio cultural muy importante y deben ir de la mano de actuaciones que pueden ser preventivas o correctivas, según si se realizan antes o después de la producción de accidentes. En este caso, las acciones preventivas permiten evitar el problema antes de que suceda y es posible la utilización de medidas de bajo coste aumentando su eficiencia. Por otra parte, para implementar medidas correctoras en tramos de concentración de accidentes o en carreteras con un alto índice de accidentalidad es imprescindible la detección, siendo el método EuroRAP uno de los más conocidos a nivel internacional.

    En este contexto las auditorías de seguridad vial aparecen como una herramienta de mejora de la seguridad en carretera que puede actuar preventivamente o correctivamente. Éstas, analizan sistemáticamente las características de la vía y emiten propuestas de mejora con los objetivos de reducir la posibilidad de ocurrencia de accidentes de tráfico o, en caso de que se produzcan, minimizar su gravedad. Además, una de las particularidades de las auditorías de seguridad vial es la reducción de costes y, en el caso de su realización en fases anticipadas como estudio informativo o fase de proyecto, resulta un método especialmente eficaz en seguridad vial.

    Las ventajas de esta herramienta fueron consideradas por la Directiva Europea 2008/96/CE (traspuesta a la normativa española en el Real Decreto 345/2011 del 12 de marzo de 2011) para aplicar auditorías de seguridad vial en todas las carreteras que forman parte de la red transeuropea y en los proyectos de nueva infraestructura. Pese a que la red transeuropea que discurre en España suele tener sus propios métodos de seguridad vial y conservación de la vía, resulta destacable el interés de la administración europea en la implementación de auditorías de seguridad vial en países como España, donde se han cumplido las previsiones de reducción de las víctimas en carretera al 50% en el período de años de 2001 a 2010. El porcentaje de muertos por accidente de tráfico en España se redujeron un 55% en total, pero la cifra de 1.730 muertos y 7.954 heridos graves suponen un amplio margen de mejora en este aspecto que la propia UE ha cifrado en otra reducción a la mitad de las estadísticas de mortalidad en el año 2020.
    Fuente: DGT (www.dgt.es)
     Sin duda, las auditorías de seguridad vial tendrán un papel importante pero, ¿qué son exactamente? La definición corresponde a un procedimiento sistemático en el que los auditores, profesionales cualificados e independientes del proyecto constructivo de la obra, comprueban las condiciones de la vía, analizando la totalidad de características y aspectos de su entorno que puedan condicionar la seguridad de todos los usuarios de la propia carretera. De esta forma, las auditorías de seguridad vial son una herramienta eficaz para diagnosticar las deficiencias de la carretera respecto a su seguridad, con la detección de posibles errores del diseño del trazado y elementos de la vía. En ningún caso se trata de una forma de evaluación del proyecto constructivo ni una comprobación del cumplimiento de la normativa para la construcción de las carreteras. Una vez realizado el diagnóstico, el siguiente caso de la auditoría es la emisión de propuestas de actuaciones encaminadas a la reducción del número de accidentes imputables de alguna forma a la carretera y a la minimización de sus efectos. Así pues, se pueden definir tres objetivos concretos:
    • Reducción de la posibilidad de ocurrencia de accidentes de tráfico.
    • Minimización de la gravedad de estos accidentes en caso que sucedan.
    •  Disminución de los costes económicos que suponen los problemas de la siniestralidad en la carretera.


    De esta forma, se puede afirmar que se trata de una técnica para afrontar el problema social que provocan los accidentes de tráfico que se suceden día tras día en las vías de comunicación españolas además de un ahorro económico que puede suponer mediante una inversión inicial relativamente escasa. Cabe recordar que otros países europeos como Reino Unido, Suecia o Dinamarca nos llevan varios años de ventaja en las técnicas de seguridad vial, realizando auditorías en un porcentaje muy elevado de  su red de carreteras. España no puede dudar en la implementación de estas auditorías si quiere jugar en la Champions League de la seguridad vial y combatir desde una nueva óptica, la referente al estado de la carretera, los accidentes de tráfico.


    Marc Figuls Rovira
    Ingeniero de caminos, canales y puertos
    (DOYMO, SA)



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    viernes, 18 de noviembre de 2011

    La hipermovilidad, un nuevo estilo de vida

    Frankfurt, ciudad-región
    La movilidad en las ciudades-región
    (Frankfurt am Main)


    Cuando en un blog hacen referencia a un artículo que has escrito, pero a la vez lo relacionan con el de otro autor; obviamente lo primero que haces es averiguar de qué se trata y muchas veces te sorprendes de sus aportaciones y de lo mucho que tienes que aprender -la blogesfera tiene estas cosas-, pues bien, eso es lo que me ha pasado con un referencia realizada en el blog Georecursos a través de la cual se accede a un artículo de Francesc Muñoz (Urbanalización. 2010). Ese artículo trata fundamentalmente aspectos vinculados con el paisaje, y me gustaría destacar en este post algunas de sus aportaciones vinculadas con la movilidad, compartirlas con vosotros y añadir mi visión sobre este tema.

    Para mí una de sus ideas más interesantes es que la movilidad se ha convertido en una forma de habitar en el territorio, expandiendo el fenómeno urbano y posibilitando la existencia de una cultura basada esencialmente en el desplazamiento.

    Las ciudades expanden constantemente su influencia consumiendo más territorio y a su vez orientan sus funciones distinguiendo entre centro y periferia. El centro de las ciudades normalmente se especializa en actividades de ocio, consumo y turismo, mientras que la periferia queda para los usos residenciales, logísticos, industriales, etc. En consecuencia, el uso del espacio urbano público en el centro de las grandes ciudades así como su lenguaje arquitectónico se centra, según sea el caso, en dominios de ocio, de consumo o de movilidad. Más allá de la periféria urbana aparece el área de influencia de la ciudad, cuyos límites se difuminan por el territorio sin una continuidad urbana.

    Con el desarrollo del homo mobilis aparecen elementos del paisaje urbano como las gasolineras, que han dejado de ser simples instalaciones de repostaje. Ahora ofrecen múltiples servicios y sus usuarios son multiclientes -vas a echar gasolina y sales con una barra de pan, un diario y una escobilla para el limpiaparabrisas- no paran de crecer los negocios asociados a las estaciones. Las hay que se mantienen junto a las grandes infraestructuras viarias, pero otras se integran en los polígonos donde se sitúan los centros comerciales y de ocio. Otro ejemplo lo encontramos en los grandes parkings de coches que actúan como imanes del tráfico rodado y se convierten en referentes que orientan a quienes se desplazan por esa zona. Este tipo de urbanismo suele hacer un uso muy  extensivo del suelo para satisfacer sus funciones -pensemos por ejemplo en las autopistas y autovías-. El hinterland (el área de influencia) de estas instalaciones siempre es superior a los límites municipales, pues aspiran a convertirse en centros de atracción de usuarios con alta movilidad y el nivel adquisitivo que otorga la propiedad de un vehículo o viajar registrados con un billete de transporte. Los que están fuera de estos ámbitos son una minoría no deseada y vigilada dentro de las instalaciones.

    F. Muñoz indica que la expansión de las infraestructuras viarias y la clonación de los modelos urbanísticos en diferentes ámbitos territoriales potencian un concepto urbanistico de elevada movilidad, que homogeneiza formal y funcionalmente el espacio, ese modelo poco a poco lamina las diferentes identidades que las hacen únicas, sometiéndo al territorio a nuevos patrones metropolitanos. Fijémonos por ejemplo en el urbanismo y las funciones de los pueblos más próximos a las estaciones de esquí o en todo lo que rodea a los parques temáticos.

    La hipermovilidad es otra característica a considerar; aceptamos mayores velocidades y en consecuencia cada vez adquiere más importancia para nosotros el tiempo frente a la distancia. Si hoy nos preguntan dónde vivimos es más probable que prefieran saber cuánto tiempo hay que invertir en el desplazamiento que su distancia en kilómetros. Las nuevas características que tienen nuestros desplazamientos obligan a modelar el territorio a las necesidades técnicas y funcionales de dicha hipermovilidad; comparemos el impacto paisajístico de una línea ferroviaria tradicional con las líneas de alta velocidad (AVE), no hay que ser un especialista para darse cuenta que la orografía ha sido sometida por los ingenieros.  El desarrollo económico potencia los desplazamientos y en consecuencia las congestiones. El estatus social, la situación laboral y el ciclo económico en el que nos encontramos también influyen en la movilidad. Los ricos se mueven más rápido que los pobres y además sufren menos las externalidades que generan. "Dime cuánto corres y te diré quien eres". El homo mobilis necesita desplazarse; ya sea por obligación (trabajo, residencia, servicios) o por ocio (compras, espectáculos, vacaciones). T. Vanderbilt, especialista en estos temas, considera el tráfico un modo de vida y no se está refiriendo exclusivamente a los profesionales del sector.




    A-22  autovía
    Las nuevas infraestructuras son fundamentales en la hipermovilidad.
      (Tramo Monzón-Binéfar A-22).


    La globalización ha potenciado el protagonismo de las grandes ciudades que acaparan el crecimiento económico e incrementan la movilidad de los agentes económicos, con infraestructuras viales que se desparraman en un constante proceso urbanizador por un territorio cada vez más vinculado a la gran urbe. Con el actual modelo en red de las ciudades-región, la pregunta que me hago es si lograremos que este urbanismo sea realmente sostenible.


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      sábado, 5 de noviembre de 2011

      Los mayores se mueven.

      Movilidad sostenible
      Movilidad sostenible, Alemania
      En un estudio realizado por el RACC se indica que en un futuro muy próximo el peso en la pirámide de población de las personas mayores será muy importante en nuestra sociedad; estas personas tendrán un mayor nivel cultural, lo que producirá mayores demandas de ocio, de consumo, de cultura y de relaciones sociales. Este cambio social implicará un incremento de sus desplazamientos. A todo ello debemos añadir el proceso de sobreenvejecimiento que incrementará el número de personas mayores de 85 años con sus necesidades de movilidad mucho más específicas.

      Las personas mayores que circulan hoy por las calles y carreteras tienen unas características de movilidad inferiores a jóvenes y adultos. En muchos casos desconocen las normas de circulación porque nunca recibieron una adecuada formación vial, pueden distraerse en su mundo subjetivo o reducir su percepción de lo que les rodea, como consecuencia de los efectos secundarios producidos por los medicamentos que necesitan tomar.

      Nuestro sentido de la vista nos proporciona el 85% de la información que necesitamos para tomar decisiones mientras caminamos o conducimos, pues bien, ésta comienza a deteriorarse a partir de los 40 años. Una persona de 60 años necesita 10 veces más luz que un joven de 20 años para ver bien. Con la edad disminuye la capacidad de enfocar y por tanto empeora la profundidad de campo, los ojos pierden elasticidad y se hacen más sensibles a los deslumbramientos. Los ancianos, como los niños, tienen una menor visión periférica y deben girar la cabeza para tener un mayor campo visual, por cierto, bastante costoso en las personas que tienen artritis y molestias musculares; el sentido del oído también se suele perder con la edad. Los ancianos al cruzar las calles se desplazan más lentamente, pensemos que una persona con bastón cruza un paso de cebra más lentamente que otra en silla de ruedas.

      El estudio del RACC señala los principales problemas que perciben  nuestros mayores cuando se mueven como peatones: subir y bajar aceras, cruzar calles, superar obstáculos  -por obras o por la disposición del mobiliario urbano- e identificar vehículos,  señales de circulación o personas. Como usuarios del transporte público declaran problemas de accesibilidad a las estaciones y a los vehículos, acceder a los asientos, pagar, orientarse o comprender las indicaciones. Y como  conductores su principal problema es el progresivo deterioro de sus capacidades sensoriales, lo que les induce a cambiar sus pautas de comportamiento cuando circulan con vehículos: realizando una conducción menos agresiva, evitando los desplazamientos en horas punta y los itinerarios  nocturnos o con meteorología adversa. Ellos prefieren los recorridos cortos y las carreteras tranquilas sin demasiado tráfico, en las que se pueda circular lentamente. Otro problema que tienen algunas pesonas mayores es la aceptación del nuevo modelo de movilidad que deben asumir cuando dejan de conducir el automóvil, porque a nadie le gusta perder esa autonomía.

      Los accidentes que provocan los conductores mayores porcentualmente son superiores a otros segmentos de la población, sin embargo, acostumbran a ser leves ya que suelen producirse a menor velocidad; pero como peatones suelen tener una tasa de infracciones importante, similar a la tasa que se observa en la población de 5 a 14 años. Las personas mayores suelen ser los peatones que más sufren las consecuencias por traumatismos producidos con los accidentes de tráfico. En España entre los años 2004 y 2008 la mitad de los peatones fallecidos en entornos urbanos fueron mayores de 65 años y la accidentabilidad en este grupo se concentró en el segmento que superaba los 74 años.

      A mediados del siglo XXI aproximadamente una de cada tres personas será considerada mayor. El diseño de la movilidad hay que prepararlo para esa nueva circunstancia. Tenemos que responder a las necesidades de sus desplazamientos cotidianos, a sus limitaciones funcionales y a su propia seguridad vial. Garantizar la movilidad segura en las personas mayores no es sólo una inversión en su calidad de vida, también es una inversión estratégica para ahorrar en los costes sanitarios provocados por la movilidad que genera el automóvil.



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        viernes, 21 de octubre de 2011

        Nueva movilidad hacia una mayor equidad social

        Accidente de tráfico en La Albuera, mayo del 2010.   (Protección Civil de Badajoz)


        Recientemente he ojeado el Informe mundial sobre prevención por accidentes de tráfico que establece objetivos muy interesantes y desenmascara prejuicios aceptados por la opinión pública, los cuales iré exponiendo en este artículo.

        La idea que las defunciones y los traumatismos por accidentes de tráfico son el precio que debe pagar nuestra sociedad por desplazarnos con nuestros sistemas de transporte motorizados es completamente falsa.

        La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la violencia vial uno de los principales problemas de salud pública a escala mundial.  La primera noticia que tenemos de un traumatismo provocado por el vehículo de motor es a un ciclista, el 30 de mayo de 1896 en Nueva York, meses más tarde, el 17 de agosto del mismo año en Londres, tenemos constancia de la primera defunción provocada por un automóvil. El problema se ha incrementado de forma exponencial a medida que se ha motorizado el parque de vehículos en todo el mundo. La OMS estimó que en el año 2002 murieron 1,8 millones de personas como consecuencia de los traumatismos provocados por el tráfico por carretera. Esta organización considera los accidentes de tráfico en la vía pública la undécima causa de muertes que sufre la humanidad, y si no hacemos nada su estimación es que en los próximos años la incidencia sea todavía mayor.

        Los accidentes de tráfico repercuten de manera especial en la población adulta masculina, normalmente en situación económica productiva (ver el siguiente gráfico). Un 73% de las víctimas mortales son varones.



        Cuando una familia pierde a uno de sus miembros o queda discapacitado, las repercusiones no son sólo para el accidentado -independientemente de los problemas psicológicos y emocionales- también las personas más cercanas tendrán que asumir unos costes económicos por el fallecimiento o por la rehabilitación que no siempre están cubiertos por seguros o asistencias sociales, pudiendo provocar la aparición de nuevas deudas. Probablemente también tendrán que asumir una pérdida de ingresos económicos en la unidad familiar y una disminución de la calidad de vida de aquellas personas que participen en la rehabilitación o el cuidado del familiar afectado –en muchas ocasiones tomando parte del tiempo que empleaban en un trabajo remunerado-. Por tanto hemos de concienciarnos que un accidente de tráfico puede resultar no sólo la pérdida o discapacidad de una o varias personas, también pude arrastrar a sus familias a la pobreza. En los países menos desarrollados los accidentes de tráfico son un importante factor pauperizador.

        Los errores corrientes que como seres humanos cometemos mientras conducimos y el comportamiento normal de los peatones no son motivos que debieran ocasionar traumatismos graves ni defunciones. Nuestro sistema de movilidad debe permitir que salgamos airosos de dichas situaciones y utilizar metodologías y estrategias que apunten a ese objetivo, como por ejemplo la matriz de Haddon que analiza el sistema de movilidad desde diferentes perspectivas: antes, durante y después del accidente. Ya hay países que han desarrollado metodologías de prevención en el tráfico y que buscan como en Suecia una “perspectiva de cero accidentes”, o como en Holanda con "su programa sostenible de seguridad" muy ambiciosos y estimulantes en la lucha contra la violencia vial. Y para ello son necesarias actuaciones y medidas que incidan en el indiviudo, en el vehículo y en el entorno con una concepción sistémica.  La idea de que los accidentes de tráfico son inevitables e impredecibles cada vez es más falsa.

        El problema es complejo y la solución multisectorial, pero hemos de entender que los traumatismos provocados por los accidentes de tráfico también son una cuestión de equidad social, pues son los peatones, los ciclistas y los motociclistas los más vulnerables si los comparamos con los conductores, por la desproporción en los riesgos y en sus consecuencias .

        Suprimir el deseo y la necesidad que todos tenemos por desplazarnos no es posible, pero sí que podemos reducir nuestra exposición al riesgo que entraña el tráfico en las vías públicas, para conseguirlo necesitamos que nuestros sistemas de movilidad se adapten a la vulnerabilidad y a la fiabilidad que tenemos los seres humanos. El sistema que utilizamos para desplazarnos es quien debe de adaptarse a nosotros y no al revés. ¿Cuál es tu opinión?



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